“La colección no tiene ninguna utilidad si no se comparte, si no hay un componente social”

ENTREVISTA

Jaime Sordo, coleccionista. Propietario de la colección ‘Los Bragales’

“La colección no tiene ninguna utilidad si no se comparte, si no hay un componente social”

Hace ya unos cuatro años de esta conversación que mantuve con Jaime Sordo cuando trabajaba en EL MUNDO CANTABRIA.

El motivo era la exposición de una parte de su colección, Los Bragales, en la Biblioteca Central de Cantabria. La recupero para CantabreAndo, porque considero interesantísimas sus palabras.

Jaime Sordo es una enciclopedia andante a la que uno nunca se cansa de escuchar. Al igual que un padre conoce a la perfección a cada uno de sus hijos, este coleccionista cántabro sabe los pormenores y detalles de cada una de las obras que conforman la colección Los Bragales que con tanto esfuerzo, dedicación y esmero ha conseguido reunir.

Narra cómo la adquirió, la trayectoria del creador y anécdotas artísticas de todo tipo como el cuentacuentos que relata una historia que engancha, que entretiene y que encima forma. Está satisfecho con lo obtenido y eso se nota a la legua. Sabe cómo transmitirlo.

  • PREGUNTA.– Siempre cuenta que su colección comienza con ese cuadro que regaló a sus padres tras una subasta y que cuando ellos faltaron volvió a usted, ¿Qué valor tiene ahora ese cuadro?
  • RESPUESTA.– Un valor sentimental porque es un cuadro que sigo guardando y nunca me desharé de él por el recuerdo familiar que tiene. Lo tengo colgado en la casa de Santander y no tiene gran valor pictórico ni gran valor dentro del entorno de la colección pero significa mi primer cuadro a todos los efectos.
  • P.– ¿Cambia la decoración de sus casas con obras de su colección?
  • R.– Normalmente vivo en La Concha de Villaescusa y allí sí cambio los cuadros, evidentemente adaptados al entorno doméstico. No tengo muchos cuadros en casa porque aunque la colección es muy amplia no invado la casa de elementos pictóricos porque me gusta que respire. No tendré más de 14 ó 15 y hay de todo, desde informalismo español a pintura pop y alguna escultura.
  • P.– Ha dicho de su colección que es muy ecléctica, que se nutre de lo que en cada momento le va gustando, ¿tiene un hilo conductor?
  • R.– En mi época, nací en 1945, se vivía con mucho respeto toda la pintura española que provenía de la Escuela de París y de Madrid. Además, en mi época de estudiante, me veía identificado con el informalismo de los años sesenta, con aquella forma de protestar, de esas pinturas negras españolas de Saura, Rivera, Canogar… Una vez recorrido eso, que es más de ámbito generacional, pues la colección sigue hacia esta década prodigiosa que se dice en los textos que es la pintura de los años 80 con la llegada de la democracia. Si la colección tiene un núcleo duro y potente es esta época, no solo por piezas de los años ochenta, que es cuando todos estos pintores tuvieron intelectualmente más fuerza, sino también por tamaño y calidad de las obras. Es una época muy arraigada dentro de la colección. Luego ha ido adaptándose a tiempos posteriores e incorporando los años noventa, el nuevo siglo…

A través de su colección

  • P.– ¿Se puede conocer a Jaime Sordo a través de su colección?
  • R.– Soy de los que opina que uno va haciendo en el tiempo una colección y la colección pasa a ser dueña y señora conceptual que le manda al coleccionista muchos mensajes. El coleccionista está preso de su colección. Me identifico por el recorrido histórico y porque cuando la colección se va formando, en cantidad y en calidad, ella manda mensajes de donde están los huecos que hay que cubrir y que hay que identificar. Más que decir que Jaime se identifica con la colección, diría que la colección acaba identificándose con Jaime, es recíproco.
  • P.– La pasión y las corazonadas propias son elementos importantes a la hora de adquirir una obra pero, ¿ha llegado el punto de tener que buscar asesoramiento para que no se desborde la colección?
  • R.– Sobre todo busco información. Yo soy, como todos los coleccionistas, un buscador permanente de dónde está aquello que puedes económicamente adquirir y dónde está su disponibilidad, sea en galerías, en subasta o en mercados secundarios de otros coleccionistas que se deshacen de sus obras. Uno tiene que estar permanentemente formándose e informándose, es condición sine qua non de cualquier coleccionista. Se nos identifica por la pasión pero también el seguimiento de la inversión, no tanto lo económico, que también, sino en cómo va evolucionando sus pintores con el tiempo. ¿Has acertado, no has acertado, el mercado manda mensajes de que tu elección ha sido buena? Eso se mantiene vivo todos los días.
  • P.– Hay márketing también…
  • R.– ¡Claro! Es imprescindible. El mercado manda mensajes que tu no controlas y estás permanentemente contemplando si lo que has hecho está en consonancia con esos mensajes.

¿A qué ha renunciado?

  • P.– ¿Ha renunciado a muchas cosas por adquirir arte?
  • R.– En las diferentes formas, tanto de inversión como de practicar ciertos hobbies que tienen valor económico, pues yo he renunciado prácticamente a todos por la pintura. Eso me ha llevado a no serias dificultades familiares cuando no acababan de entender mi locura. Es más fácil en el ámbito de las personas que te rodean cuando inviertes en cosas tangibles que tienen valor, como podría ser el inmobiliario, que sobre esto que su valor está tan cuestionado y solo lo interpretan quienes lo conocen.
  • P.– Fue muy comentado el Picasso que Juan Antonio Roca, el ex gerente de Urbanismo de Marbella, tenía colgado en su cuarto de baño. A un coleccionista serio como usted le parecerá cuanto menos una frivolidad, una fanfarronería…
  • R.– Es desconocimiento. En el caso de este señor yo creo que no tenía pasión, simplemente era que con tanto dinero que parece ser que captaba y de forma tan irregular pues buscaba dónde invertirlo para no dejarlo en los bancos y trataba de forma tan irreverente un Picasso que un Miró, que cualquier otro. No identifico a este señor con el coleccionismo.

En Cantabria

  • P.– ¿Se ha quitado la espinita clavada de exponer en Cantabria?
  • R.– En 2010, cuando decido que la colección tiene que tener un componente social y tiene que ser compartida públicamente, veo que tiene una aceptación importante, tanto en Cantabria como en Tenerife, Zaragoza o Madrid. Ya en 2011 se hizo una exposición en el museo de Santander con una pequeña selección de fotografía en una de las plantas pero no con la contundencia de una exposición como la que está ahora en la Biblioteca Central, donde se muestran 50 ó 60 piezas, y esto sí ha sido un poco volver a mi tierra.
  • P.– Sin ese componente social es inútil…
  • R.– Si, yo lo reitero mucho. La colección no tiene ninguna utilidad si no tiene un componente social porque solo vale para ti mismo y, en algunos casos, para el entorno familiar. No se puede ser tan egoísta con la belleza si es reconocida como tal. La belleza, y en este caso la pasión con la que va acompañada, yo creo que hay una obligación de mostrarla, de compartirla.
  • P.– ¿Cuántas veces ha pasado por la Biblioteca Central desde la inauguración de la exposición?
  • R.– Prácticamente todos los días. Uno tiene la percepción de que sus hijos están en un colegio mayor y que les viene a ver todas las tardes. Una exposición es una obra en sí unitaria, su montaje es en sí una instalación. Convivo mucho con ella, además de acompañar a amigos que quieren verla conmigo.

Piezas mimadas

  • P.– ¿El arte no pierde un poco su valor cuando se explica?
  • R.– El arte contemporáneo no necesita mucha explicación, transmite sensaciones por sí mismo, las que el propio artista ha querido manifestar en el cuadro. Nada hay que explicar. En cualquier caso, las explicaciones que a mí se me demandan son más sobre la historia de la venta, el por qué, anécdotas, hechos singulares, cuántas veces ha estado expuesta, etc.
  • P.– A todos los hijos se les quiere por igual pero siempre hay alguno al que se mima más…
  • R.– Siempre. Yo también tengo mis piezas mimadas, las de Broto, Juan Uslé y José María Sicilia, además de un Peinado que no se expone en la Biblioteca porque está en una exposición itinerante.

  • P.– Ese altruismo del que habla está muy bien pero algo de ego también habrá cuando uno se decide a compartir sus piezas…
  • R.– No cabe duda. Yo no quiero ser Santo Tomás. Y puede ser que tenga mucho de que socialmente te reconozcan una pasión. Eso no es baladí y evidentemente ilusiona a cualquier coleccionista que durante treinta años ha estado encerrado en una idea y que en un momento determinado, cuando cree que una colección puede tener un valor social, se le reconozca.
  • P.– En la actualidad, el 56% de su colección es pintura y prima sobre las demás disciplinas, ¿va bajando ese porcentaje a medida que pasan los años?
  • R.– No, está estable pero es verdad que los soportes de fotografía, vídeo y escultura van mordiendo un poco al porcentaje de la pintura. Los cuatro soportes mantienen su crecimiento más o menos estable pero es verdad que hoy las nuevas tecnologías que se practican mandan en el mercado y, por tanto, cualquier colección que quiera estar al día tiene que crecer en esa dirección.
  • P.– Al coleccionismo español, ¿el 21% de IVA obliga a buscar obras en galerías y ferias de otros países?
  • R.– Este hecho impositivo del IVA tiene dos connotaciones. Por una parte, afecta más a los artistas y galeristas, que son los que realizan las ventas, los que han visto que se ha pasado del 8 al 21% y se ven obligados a asumir esa diferencia para vender. Por otra parte, los galeristas con artistas de proyección internacional ven cómo se compara el IVA español con el inglés, el alemán, el francés o el americano y, en algunos casos, se producen diferenciales de hasta un 12 y 14%. Entonces el coleccionista, si encuentra un 12% más barato una obra semejante de un mismo artista, pues es lógico que lo compre lo más barato posible. Una cosa es que sea defensor del mercado español y otra que defienda su dinero. Nos está haciendo mucho daño, ésa es la conclusión.

Galerismo cántabro

  • P.– ¿Cómo ve el galerismo cántabro?
  • R.– Muy bien también. Tengo la impresión de que el ratio de galerías de arte contemporáneo que tiene Cantabria es el mayor del ámbito nacional. Si una ciudad como Santander, de 180.000 habitantes, tiene cuatro galerías de arte contemporáneo, ese ratio no lo tiene ninguna ciudad de España y dudo que lo tengan muchas ciudades de Europa. Deberíamos estar muy satisfechos de tener tantas. Igual ocurre con el coleccionismo. Cantabria tiene un alto índice de coleccionistas del arte contemporáneo que, insisto, supera el mismo ratio en el ámbito nacional.
  • P.– Cuando entra a una galería, ¿el galerista de turno se frota las manos pensando en el negocio o piensa que aquí llega otra vez el negociador del tira y afloja?
  • R.– De las visitas que yo hago a las galerías, compraré un 1%. Procuro visitar todas las exposiciones por el interés de practicar el conocimiento. No cabe duda que a un galerista cuando ve entrar a un coleccionista se le genera una expectativa de negocio pero la venta no se produce siempre. Uno debe confirmar que ese impacto visual que le produce una obra y esa emoción que le genera inicialmente se consolida después de uno o dos dí- as, que mantiene esa ilusión en lo que ha visto. Una vez que asume que esa pieza puede formar parte de su colección llega una parte de negociación evidente donde cada uno defiende sus intereses. Nunca ha habido ningún problema porque tenemos un galerismo español que se adapta a las necesidades del coleccionista y tiene la capacidad de actuar como un banco, porque son los verdaderos financiadores de los coleccionistas.
  • P.– Para terminar, ¿qué hace Jaime Sordo por amor al arte?
  • R.– Más bien que hace el arte por Jaime Sordo. Yo por amor al arte trabajo en la asociación 9915 que presido con el objetivo de dinamizar el mercado y doy algún apoyo de micromecenazgo. De todos modos, destacaría que el arte ha inundado a Jaime Sordo de felicidad y de satisfacción y me ha dado la posibilidad de poder dedicarle muchas horas de cada día porque me transmite muchos mensajes.
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